Coldplay
Chris Martin sale de una habitación minutos después de que dos preciosas mujeres encargadas de controlar a la prensa nos regañan por hablar demasiado duro en el pasillo del décimo piso del hotel Fasano en Ipanema, Rio De Janeiro. Su caminar es ligero, por no decir que urgente; una especie de flotación en el aire carioca entre angelical y soberbia. La presencia momentánea del vocalista de Coldplay frente a nosotros deja una estela de poder y fama que se ve aplacada por el mismo Martin, quien registra con una mirada infantil, rápida y contundente los ojos de los periodistas anónimos e insignificantes que lo esperamos.
“-Buenas tardes”, dice rápidamente, con tono amable y sonrisa encantadora pero notablemente política. “Cómo están todos? Están todos bien hoy?”, procede a preguntar, mientras sus ojos se clavan por nanosegundos en las miradas de los ocho intrusos en su vida que aparecen con motivo de la promoción de un quinto disco, Mylo Xyloto, próximo a salir al mercado mundial.
tomamos una decisión en 1999 de jamás intentar estar de moda por encima de ser honestos. Sabe a lo que me refiero? No necesariamente somos la banda más “cool” del mundo, pero sí tratamos de cantar de la misma manera que pensamos en verdad.” – Chris Martin
Junto a él va Jonny Buckland -guitarrista, co fundador del grupo en 1996 y padrino de Apple, hija del cantante con la actriz Gwyneth Paltrow. Ambos se dirigen a sus habitaciones, no sin antes decirnos, con una amabilidad insuperable en el pop, que “ya nos vemos” en la habitación destinada para hacer la rueda de preguntas. 24 horas después, el cantante volverá a hacer la misma pregunta – lo único que cambiará es el “buenas tardes”. De resto todo: la mirada, la sonrisa, el ritmo pausado y una sinceridad perfecta se repetirán delante de más de 40 mil personas que los verán cerrar Rock In Rio 2011, con el repertorio que comenzó con “Yellow” en el año 2000 y que a la fecha ha vendido más de 50 millones de copias de sus cuatro álbumes de estudio, 36 mil de ellas de “Viva La Vida Or Death And All His Friends”, su último álbum, en Colombia.
La confianza absoluta de Martin en sí mismo siembra la duda de si estará preparado para las preguntas que vamos a hacer. Todo esto sucede en segundos y Martin no para de moverse hacia su destino, una suite esquinera con una línea de luz amarilla e incandescente justo donde las puertas de las habitaciones tocan el piso. El pasillo es una estructura hermética, oscura y sin paredes, sólo puertas de madera de color vino tinto y una hermosa araña de luces en la mitad del techo. El piso es una alfombra carmesí; el contraste de las luces amarillas que se desprenden de él y del candelabro colgante produce un efecto ámbar en el ambiente visual que, unido al lugar y la decoración minimalista va perfecto con el silencio que las chicas de EMI Music Brasil necesitan para garantizar que todo salga bien en la entrevista con la figura más importante del pop rock del mundo después de Bono.
Pero la confianza y la seguridad del cantante de Coldplay se ven amenazadas por instantes cuando saca su tarjeta para abrir su habitación y la pasa sutilmente por la ranura electrónica. La puerta no se abre y eso me da tiempo para ver que Martin ilumina la sala con su presencia; es como un fantasma de los buenos, de un metro ochenta o más, y colores heredados de la estética “Viva La Vida”. Segundo intento: Nada. Tiene puesta una camiseta de manga corta color azul y pantalones un poco más oscuros. No vuelve la mirada mientras pasa la tarjeta por tercera vez y veo que de sus botas cuelgan algunos de los retazos que llevaba orgulloso en varias chaquetas durante los conciertos del pasado álbum. A la cuarta pasada, la puerta se abre y el fascinante cantante y compositor desaparece en sus aposentos por unos minutos.
Más adelante Martin me confirmará cómo esa vulnerabilidad hace de Coldplay un fenómeno de pop tan perfecto que no puede darse el lujo de cometer ningún error. Así como todos los seres humanos en ocasiones no podemos abrir puertas de hoteles por razones que se salen de nuestro control, Martin se siente más vulnerable que todos cuando analiza metódicamente lo que ha pasado con la carrera de su grupo en los pasados 11 años: 50 millones de discos. Varios premios Grammy, Mercury. Compromisos con grandes causas. Millones de descargas digitales vendidas. Multitudinarias giras. Puestas en escena que cada vez son más grandes. Y ahora un nuevo disco.
“-No tenemos nada qué perder, ya somos una banda vieja”, le dice Martin a López de Radioacktiva después de que éste le da sus impresiones personales sobre “Mylo”. “Pensamos: Al diablo. Simplemente intentemos lo que se nos dé la gana.” La respuesta es bastante defensiva para una pregunta que comenzó como un cumplido, pero no lo suficiente para permitir a los incandilados periodistas notar que Martin está inmediatamente defendiendo un disco nuevo que está bajo el escrutinio de no sólo la prensa sino los fans y los accionistas de EMI Music. Más adelante, el cantante confesará que está esperando “ese momento” que todos los grandes artistas temen, en el que “alguien te toca en el hombro y te dice: ‘listo. Se acabó. La broma ha terminado. Les hicimos creer que eran una banda famosa’. Porque nadie cree de verdad que es genial en esta banda. Hacemos nuestro mejor esfuerzo para hacer cosas a las que creemos que la gente va a responder. Cosas honestas sobre las emociones humanas. Y esa es probablemente la razón por la cual hay mucha gente que detesta lo que hacemos, porque a veces lo que estamos cantando no se refleja en lo que están pensando. Pero tomamos una decisión en 1999 de jamás intentar estar de moda por encima de ser honestos. Sabe a lo que me refiero? No necesariamente somos la banda más “cool” del mundo, pero sí tratamos de cantar de la misma manera que pensamos en verdad.”
“En El Señor De Los Anillos y en Harry Potter hay dos magos: Gandalf y Dumbledore. En ambas historias, ambos magos aparecen, hacen algo de magia, y luego desaparecen. Y vuelven y aparecen y hacen algo loco y desaparecen de nuevo. Así es Brian Eno cuando trabajas con él”
Puede que Martin no lo quiera reconocer, puede que por falsa humildad, o que lo considere una adulación inocua, pero Coldplay sí es la banda más “cool” del mundo. A propósito e involuntariamente, el proyecto que comenzó en una orientación universitaria hace ya una década y media se ha mantenido firme en su espíritu independiente y en su actitud revolucionaria.
Cómo puede uno llegar a esa conclusión? Pocas son las bandas que no han sucumbido a la idea de vender sus canciones a productos para posicionarlos o terminar de hacerlo sin la ayuda de la radio. El repertorio de Coldplay es tan sólido y se mantiene tan al frente de las cosas buenas que han sucedido en el nuevo milenio, que la banda se da el lujo – hasta el momento – de no prestar ninguno de sus fonogramas a ninguna marca o producto por fuera de la definición de Coldplay. Qué tan cool es eso? Para mi es muy importante no oirlos en un comercial de celulares o de bebidas energéticas. Coldplay es de las pocas bandas que se sigue debiendo a sí misma, sin acudir a ardides de mercadeo para sostenerse en un mezquino ambiente de industria, que alimenta los resentimientos de los bloggers que los vieron nacer y que ahora los llama vendidos. Si usted quiere ver u oir a Coldplay tiene una de dos opciones: o compra los discos, o los ve en vivo. Pero no los verá en un comercial como le pasó a “Hey Soul Sister” de Train.
Pese a recibir golpes muy bajos durante los pasados años, como el terrible comentario de Jon Pareles en el New York Times y las pésimas calificaciones de Pitchfork a su tercer álbum X&Y, la banda ha construido una fanaticada apoyándose primordialmente en la contundencia de sus canciones, sin importar las filiaciones corporativas a las que hoy en día responden. Sus múltiples EP’s les ganaron un séquito fiel de oyentes locales y sus toques en bares y clubes a comienzos de la década fueron consolidando la imagen romántica, idealista, insegura y en ocasiones tosca de su primer álbum, PARACHUTES. Con él se convirtieron en un modelo a seguir de las bandas de britpop independientes que venían con ellos y que reventarían después – Keane sería la más beneficiada -, y canciones como “Yellow” y “Shiver” se apoderaron de la radio comercial con una fórmula romántica pero visiblemente alternativa.
“Princess Of China apareció de la nada, de donde sea que vienen las canciones. Y pensé que sería muy bueno que Rihanna cantara esa parte. Lo discutimos como banda y finalmente, en un show en Las Vegas coincidimos y le pedí que lo hiciera de la misma manera que le pediría a una chica que bailara conmigo. Tenía muchos nervios. Y dijo, ‘ok’. Así sucedió. Y estamos muy agradecidos.”
Cuando Parlophone llegó a firmar a Coldplay en el 2000, la banda tenía pocas canciones con qué trabajar, pero entregó todo de sí en un segundo larga duración llamado “A Rush Of Blood To The Head”. El éxito rotundo de “Parachutes” en Reino Unido había logrado una confianza importante en EMI, que sufría de la desviación inevitable de Radiohead hacia lo experimental y lejos de la radio, lejos del nuevo usuario, del nuevo oyente, cada vez más enfrascados en su laboratorio musical. “A Rush” fue una extensión del trabajo lírico de Martin en un momento social agitado y en un planeta poseído por la guerra. En esa nueva incursión musical se hicieron más notorios en los Estados Unidos, donde fueron metiéndose al mercado con toques para mil, tres mil y cinco mil personas que fueron difundiendo el rumor de que algo grande estaba pasando nuevamente en Reino Unido. “In My Place” y “God Put A Smile Upon Your Face”, “Clocks” y finalmente, “The Scientist” cerraron el ciclo para que una Norteamérica muy reacia a lo de afuera les prestara suficiente atención para darles dos Grammy, uno por ser la mejor banda alternativa y otro por tener la mejor canción del 2003.
Y qué tan “cool” son Coldplay? Lo suficiente para cerrar Rock In Rio con bombos y platillos, pirotecnia y pasión. Es tan fresco el repertorio de Martin y amigos que la segunda canción del set es “Yellow”. El escenario se llena de luces de láser y de destellos amarillos y Rio estalla en un coro gigantesco que enmudece a Martin, quien sonríe cuando los más de 40 mil asistentes cantan “Look At The Stars…Look How They Shine For You…”
Son tan “cool” los Coldplay que, a unos cuantos días de lanzar su nuevo álbum e independientemente de las expectativas que se tienen del disco, están felices de haber grabado con Rihanna, y dicen que uno de los grandes impulsores de la idea de hacerlo fue Brian Eno. “En El Señor De Los Anillos y en Harry Potter hay dos magos: Gandalf y Dumbledore. En ambas historias, ambos magos aparecen, hacen algo de magia, y luego desaparecen. Y vuelven y aparecen y hacen algo loco y desaparecen de nuevo. Así es Brian Eno cuando trabajas con él”, dice Martin. “No sabes verdaderamente de qué está hablando pero hace magia y desaparece y te deja para que intentes encontrarle sentido. Es un profesor. Es un educador. Hace muy divertido el trabajo en estudio, trae mucha frescura y mucha emoción. Cuando lo conocimos estábamos un poco deprimidos respecto al rumbo y a las acciones que debíamos llevar a cabo como grupo. El erradicó todas esas preocupaciones, nos hizo disfrutar de tocar juntos en círculo, con él haciendo parte del círculo. Todo comienza de manera muy sencilla en ese círculo. Eso es lo que más le gusta hacer: tocar. Tocar.”
Eno, quien comenzó su carrera como músico en los años setenta en la banda Roxy Music, es parte del éxito que acompaña a Coldplay desde Viva La Vida, y que se perpetúa en “Mylo Xyloto”. Un amante de la pintura minimalista, su acercamiento a la música es precisamente eso para Martin y para sus compañeros de grupo: el círculo en el que grabaron “Viva La Vida” y “Mylo Xyloto” es un lienzo que Eno va pintando junto a los músicos que asesora y acompaña. Su producción, repleta de ambientes y elucubraciones tecnológicas, continúan siendo vanguardistas y no se someten al deseo del mercado. Siete discos grabados con U2, entre ellos The Joshua Tree de 1987, lo ratifican como un extraordinario innovador de todas las cosas pop rock, desde Depeche Mode hasta Talking Heads.
Yellow es nuestra canción más pop y está en el primer disco. Simplemente no queremos seguir haciendo el mismo disco. A algunos les gusta un disco y a otros les gusta otro, a otros no les gusta tal disco, y eso es una lástima, pero estamos intentando hacer lo que nos gusta. No nos preocupa el género en el que quepan nuestras canciones.”
Por eso cuando “Princess Of China” apareció en la lista de posibles canciones para el nuevo álbum y Martin le preguntó a Eno qué tan saludable sería una aparición de Rihanna en un disco de Coldplay, Eno no tuvo reparo. “Esta canción apareció de la nada, de donde sea que vienen las canciones. Y pensé que sería muy bueno que Rihanna cantara esa parte. Lo discutimos como banda y finalmente, en un show en Las Vegas coincidimos, y le pedí que lo hiciera de la misma manera que le pediría a una chica que bailara conmigo. Tenía muchos nervios. Y dijo, ‘ok’. Así sucedió. Y estamos muy agradecidos.”
Reconocido por buscar los mismos ambientes que lo han hecho tan famoso en el ámbito de la música pop en espacios diferentes a estudios, Eno provocó a Coldplay a pensar por fuera de los confines musicales profesionales, los motivó a buscar espacios como panaderías e iglesias abandonadas, donde, como buen mago, podía hacer los milagros que hizo con “Viva La Vida”. “Nos liberó de esa preocupación latente sobre para dónde íbamos o qué estábamos haciendo, y nos permitió no preocuparnos por lo que habíamos hecho antes, simplemente nos liberó de preocupaciones. Y al mismo tiempo, nos exigió muchísimo”, recalca en la suite Jonny Buckland.
Cuando se habla de la incursión de Rihanna y del aval de Brian Eno, Martin agrega que “cuando uno trabaja con alguien como Brian se da cuenta que no existen límites entre distintos tipos de música”, algo que sin duda caracteriza al productor británico. Esa seguridad de trabajar con uno de los más grandes productores de todos los tiempos se proyecta a través de las actitudes de los músicos que han concebido estas canciones y a través de las canciones nuevas. “No hay nada que no puedas intentar tocar”, comenta Martin, mientras una periodista de Brasil le pregunta por la abstracción de su sonido – otra de sus características. “No puedo decir nada sobre esa abstracción, porque es una abstracción”, dice lúdicamente Martin a la periodista.
A la paleta de colores que trae a la mesa un hombre como Brian Eno -experimental, abstracto, mágico y loco – se une Markus Dravs, quien también participó en la experiencia de Viva La Vida. Dravs, quien produjo Homogenic de Björk, Neon Bible y The Suburbs de Arcade Fire y el aclamado “Sigh No More” de Mumford and Sons, es conocido por su metodismo en consola. “Es muy específico”, afirma Martin sobre el productor acompañante de Eno en esta nueva realización discográfica. “Es el que dice que hay que tocar esta parte de esta canción 10 veces para que suene perfecto, mientras que Brian está echando pintura por todas partes.”
Curiosamente entre los 8 periodistas que estamos reunidos para hablar con Coldplay, la que tiene preguntas antagónicas resulta ser la única chica en la sala. Pero Chris Martin está entrenado para el antagonismo. Y está entrenado para ganar. No solamente a nivel de respuestas, sino también de gestos y posiciones. La joya de la corona de EMI Music – y del pop mundial – no puede trastabillar en sus intentos de salir bien librada de una querella Babelesca como una conversación sobre por qué el rumbo de Coldplay parece encaminado cada vez más hacia el pop, cuando comenzaron siendo una banda alternativa. “Estás loca?“, le pregunta Martin, sin ánimo de ofender y con la calidez que lo caracteriza. Chris Martin es una de las figuras pop más reconocidas del mundo y no parece estar incómodo con esa situación. Salvo, por supuesto, cuando se le habla de las posibles presiones que un sello internacional puede tener en el repertorio nuevo. “Yellow es nuestra canción más pop y está en el primer disco”, reitera Martin. “Simplemente no queremos seguir haciendo el mismo disco. A algunos les gusta un disco y a otros les gusta otro, a otros no les gusta tal disco, y eso es una lástima, pero estamos intentando hacer lo que nos gusta. No nos preocupa el género en el que quepan nuestras canciones.”
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En la noche de cierre de Rock En Rio tomaré mucha cerveza Heineken gratis y conversaré con las cabezas corporativas de EMI Music, quienes están ansiosas de ver a su banda más importante tomar las riendas de una tarima difícil, en muchas ocasiones dispersa y poco agradecida. Me da la impresión, cuando suena “99 Problems” de Jay-Z en los parlantes, que la canción da la señal para que entre Coldplay a la escena. En efecto, así sucede. La entrada del grupo británico a Rock En Rio la hace la música de Alan Silvestri para la película “Volver Al Futuro” de Robert Zemeckis, sucedida por el intro de “Mylo Xyloto” y rápidamente por “Yellow” e “In My Place”. Van pasando los minutos y los corporativos de EMI van soltando los hombros y van relajándose entre la marea de garotas en el VIP mientras suenan “Paradise”, “Lost”, “Violet Hill”, “God Put A Smile Upon Your Face”, “The Scientist”.
Es tiempo de irse al aeropuerto. Qué curioso es volver a ver a Coldplay y tener la misma sensación de que son una gigantesca banda en vivo, qué curioso verlos en Rio, cuando su primer sencillo es “Every Teardrop Is A Waterfall”, inspirada en una canción llamada “I Go To Rio” de Peter Allen.
Uno se sesga inmediatamente al tener a un tipo como Chris Martin al frente. Su forma de lidiar con la prensa – amable, querida, sencilla – lo aleja a uno de la importancia de la banda como un producto pop de excelente factura. Cuando Coldplay saca un disco, la bolsa de Nueva York se mueve. Y se tiene que mover para bien de sus accionistas. Quiero decir que, cuando Mylo Xyloto salga a competir en el duro mercado de la música el 24 de octubre, las acciones de EMI tienen que cotizarse al alza al fin del día, sí o sí. Pero eso parece no importarle a Martin verdaderamente. Y pareciera que a aquellos que trabajan a su alrededor lo que más les preocupa es ese bienestar y esa libertad. Dónde está, entonces, el secreto de estas canciones?
Es cuando se suben a una tarima que uno entiende por qué son tan importantes, por qué hay que hablar con ellos, y por qué hay que respetarlos. Mientras desde lejos suenan los acordes de “Clocks”, sigo intentando responderme qué es eso que nos encanta de Coldplay – más allá de la cordialidad de Martin: cuál fue ese catalizador que motivó a muchos a “bajar” “Yellow” de la red cuando salió – así fuera una descarga ilegal? Qué albergan las canciones de Coldplay que las hacen tan universales – a pesar de que Martin, poco convencido, me dijera en la entrevista que ‘no a todo el mundo’ le gustan sus canciones y yo luego le respondí que no a todo el mundo, pero sí a mucha gente en el planeta, y le pregunté luego qué es lo que tienen esas canciones que las hacen tan atractivas, amigables y poderosas a lo largo de una década, y qué los hace a ellos tan importantes e influyentes en la música y en el mercado. Chris Martin se planta sobre su decisión de contestar que la honestidad lo es todo en la música. Pero también tiene una teoría ingenua, divertida, tan lúdica como él mismo, sobre por qué son tan exitosos.
“También somos muy bonitos.”
Mientras camino hacia la van, escucho el homenaje a Amy Winehouse y luego “Fix You”, acompañado de pólvora y de un rugido aprobador del auditorio en Rio de Janeiro. Y pienso en esa última frase de Martin en la van mientras canto en voz baja el coro de la canción, y siento, sin asomo de duda, que tiene toda la razón.





