“Preferiría ser negro.”
Johnny Otis nació en una familia griega en Vallejo, California, donde se crió en un barrio predominantemente negro. Fue uno de los disc jockeys de radio más influyentes de la segunda mital del siglo veinte y un prolífico productor de artistas y descubridor de talentos.
Su carrera comenzó como jurado de talentos en la ciudad de Los Angeles en pleno auge del jazz; descubrió a figuras como Etta James, Little Richard, Big Mama Thornton y Johnny Ace y produjo sus primeros discos.
Escribió y produjo el primer éxito de radio de James: “The Wallflower”, conocida también como “Roll Over Me Henry”
Su estilo como compositor fue clave en el desarrollo y carrera de figuras como Eric Clapton, que adoptaron sus versiones de canciones de Bo Diddley para dinamizar sus influencias y crear un estilo propio.
Fue locutor de KFPK FM 90.7 en el área de San Francisco y en algunas emisoras hermanas.
Su padre era tendero en una zona de color en Berkeley, donde Otis -nombre de pila John Veliotes – aprendió todo sobre la cultura negra desde sus inicios y pronto se vinculó al mundo de la música como baterista en big bands de jazz.
De allí pasó a ver cómo la economía de las bandas fue achicándose y así mismo, a raíz de la reducción de los músicos en las orquestas, el panorama comenzó a cambiar. En este desarrollo, Otis fue esencial, sentó las bases para el doo wop y muchos otros fenómenos de pop que más adelante serían ganadores en listados y rocolas norteamericanas.
Fue un prolífico humanista: escribió un libro sobre los disturbios de Watts, fue diputado y sirvió como parte del senado Norteamericano. Fue coleccionista y pintor, presentador de televisión y hasta pastor evangélico.
Y usted, amigo disc jockey, fuera de dar la hora y leer menciones de Comcel, qué más hace en radio?
fuente LA TIMES


1 comment
Juan Manuel Burgos says:
Jan 19, 2012
la radio ha perdido ese espacio donde se cuentan historias, donde el disc jockey aporta a la ecuación musical con un dato diferente, con una anecdota, con un comentario que enriquece el momento para que el artista que suena tenga un complemento para el oyente y no sea solo una canción más. Cuando hay una historia de fondo, se aprecia más y mejor la música, se enmarca en otro concepto y deja de ser una canción más para convertirse en toda una historia detrás del artista. El mejor ejemplo de una disc jockey que no es disc jockey es Diana Uribe y su particular estilo para contar historias, para narrar de manera diferente la historia, para volverla agradable, muy personal y casi suya. Un disc jockey que no tenga una historia para contar, que mejor siga dando la hora, presionando play en la consola y preferiblemente que hable poco.