20 – III – CRYSTAL CASTLES

En la era en que la electrónica decidió cambiar nuestra forma de oir canciones comerciales de radio y se convirtió en la opción de los artistas más vendedores del mundo, Crystal Castles entiende que el medio es el mensaje y que éste no tiene que ser parte del medio para pertenecer, para vivir, para subsistir.

El resultado es un compromiso con una verdad interior, perteneciente a la psique de Alice Glass: la represión de la sociedad actual, la miseria, la injusticia y el dolor. La producción se regodea musicalmente en la electrónica de finales de los noventa, pero de ninguna forma podría funcionar como una pieza de “dance” en todo el sentido de la palabra. El trance en canciones como “Sad Eyes” revelan no necesariamente el mundo como un agente represor, sino una tristeza y un dolor personal de sus autores como el causante de la desazón hecha sonido.

Como experiencia de los sentidos, sin importar qué tan dolorosa sea, III es maravillosamente humano y causa un efecto de espejo y cópula auditiva, algo que – como lo dijo Borges en Tlon Uqbar Orbis Tertius – siempre es “abominable porque multiplica el número de los hombres”, pero todos sabemos que nada mejor que las miserias convertidas en espejos del malestar de las masas. O por lo menos, de las inmensas minorías.

19 – ELYSIUM – PET SHOP BOYS

Es difícil ver que los héroes se rinden. Pero hay una dignidad bonita alrededor de cómo lo hacen los Pet Shop Boys. Hay una elegancia, una sofisticación que no están dispuestos a rendir, y eso contribuye de forma sónica a la experiencia detrás de “Elysium”.

Lo que pasa es que, en este año en el que la electrónica fue reina, es difícil oirlos a ellos hablar de derrota. Ellos que fueron abanderados del movimiento desde temprano en la década de los ochenta. Es complicado oir a Neil Tennant hacer las veces de un fantasma en “Invisible”, y confesar que le parece extraño que, después de ser el alma de la fiesta, ahora nadie lo voltea a mirar:

“After being for so many years

the life and soul of the party, it’s weird: I’m Invisible.

Whatever I have said and done

Doesn’t matter in this chatter and hum: I’m Invisible.

I’m here, but you can’t see me: I’m invisible.

It’s queer how gradually I’ve become invisible.”

Pero es normal.  Y es bonito. De una blancura especial su sonido, como flotando entre nubes, como en realidad participando al mundo del ingreso al campo eliseo de la electrónica, diciendo adiós con esa característica magia de siempre.

Sin embargo, también es normal que en esa experiencia de desolación causada por un disco pop que ya no adhiere a las necesidades del mercado pero que aún así no deja de ser pop, los Pet Shop Boys salgan adelante con una producción de altísima factura, acompañados de Andrew Dawson (Kanye West) en consolas y producción, y que finalmente terminen saliéndose con la suya, atendiendo como debe ser a sus fans. Esa entrega a la muerte pop termina aterrizando las atmósferas más plácidas al oído de los Pet Shop Boys desde las bellas épocas de ‘Behaviour’, en las que, por más difícil que pareciera, los PSB seguían siendo cool.

18 – CELEBRATION ROCK – JAPANDROIDS

 Fue imposible traer a los Japandroids a Colombia y por supuesto, fue imposible hacer que radios como Radioacktiva le prestaran atención, lo cual podría significar que la banda de Vancouver se demore unos tres o cuatro años más en estallarnos en la cara, como suele suceder con cualquier fenómeno indie y sin importar de dónde sea.

Pero si no los pudimos ver de todas formas circuló entre nosotros de forma urgente, como su sencillo de apertura, “The House That Heaven Built”, una experiencia sónica de altos decibelios y guitarras suspendidas por delays, construida a imagen y semejanza de las intenciones del dúo, que buscó en estas paredes de distorsión y bulla una reacción inmediata del público oyente. De esa reacción y de esa necesidad urgente de crear una conexión inmediata está hecho “Celebration Rock”: guitarras a altísimo volumen. Poderosos puentes que reemplazan coros dicientes. En general, una verdadera celebración de lo que debería ser el rock: un disco para tocar en vivo, y esperemos que muy pronto, ojalá, para tocar en vivo en Bogotá, donde de ninguna manera con un disco como estos, uno para la posteridad, pasarían inadvertidos.

17 – SMASH – MARTIN SOLVEIG

El quinto larga duración del DJ francés reivindica a la electrónica europea sin salirse de zonas de comfort que hicieron de David Guetta un genio de la radio comercial contemporánea. Sin embargo, en esta producción, Solveig se da más licencias sonoras que Guetta y se deja acompañar de figuras que están más vinculadas a la electrónica que al R&B, lo cual le da frescura al repertorio y por qué no, un poco de aire de radio para no quedarse atrás.

En “Hello!” y en “The Night Out” Solveig encontró no solamente a un par de favoritas de la radio pop, sino  también el beneplácito de los mejores dj’s de discotecas del mundo, sin ser tildado de “vendido” o de “comercial”.  Si usted es un aficionado de la electrónica, encontrará placer auditivo de todo tipo en Smash, desde buen house hasta una que otra explosión de europunk. Desde esa canción que nunca sabe como se llama cuando suena en la radio hasta esa que le hace mover el culo rítmicamente en la discoteca y que pasa demasiado rápido para que reaccione el Shazam.

16 – TAKE CARE – DRAKE 

Aunque su lanzamiento oficial fue en noviembre de 2011, el fenómeno de Drake se cerró a la banda y se quedó en Norteamérica, no sin que algunos aficionados del músico candiense escudriñáramos en su repertorio nuevo y lo pusiéramos en radio para probar cosas nuevas, empezando con “Headlines” desde el mes de agosto. Pero cuando tuvimos la oportunidad de oirlo completo, no pudimos evitar presentarlo a nuestras audiencias completo.  El resultado – que se produjo en el 2012 – no pudo haber sido más satisfactorio.

El segundo larga duración de Drake se llama así porque en su producción el cuidado que se  le dio a toda su elaboración fue meticuloso, casi que neuróticamente planeado. No existe en el R&B y en el hip-hop de este año un disco con tantas capas sonoras, tan pensado para hacer sentir exactamente lo que las letras dicen, tan ingenieril en su sentir, tan visceral en su bass, tan mágico en su exploración de demonios personales. Kanye West es el papá de este tipo de rap sicológico en discos como “Graduation”, pero “Take Care” se lleva la corona de ser el más sexy, el más mórbido, obsceno, neurótico y egocéntrico de los álbumes de concepto, si es que tal cosa aún existe en nuestra era.

Asesorado artísticamente por Stevie Wonder, Drake exploró asuntos de vida, asuntos de amor, y se dejó acompañar de las dos divas del año para poner en la radio contundentes números de atractivo comercial. Con RiRi abrió el año maravillosamente con “Take Care” y con el fallecido Gil Scott-Heron sirviendo de cama para una de las candentes baladas del año. Con “The Motto” rompió récords en ventas.

Pero lo importante de este álbum es como está conectado a su forma lírica por capas de sonido que provocan una experiencia como ninguna otra en el 2012. Las inseguridades y romances de un rapper nunca habían sonado tan rico en un larga duración. Acompañado en varias ocasiones de su coterráneo Abel Tesfaye (The Weeknd), el viaje de Take Care comienza desde muy adentro del corazón de Drake y pasa con maestría de la egolatría (Headlines) a la llamada borracha más larga de la historia del rap (Marvins Room), y no hay mujer que pueda esquivar la mirada  inquisidora del joven rapper y cantante, que pueda evadir su encanto, o que se quede por fuera de la historia narrada en ‘Take Care’.

15 – BORN TO DIE – LANA DEL REY

Independientemente de la bulla que circuló alrededor de Lana Del Rey como objeto de controversia musical – los puristas la odian por ser “producto”, los hipsters la aman por lo mismo, los ciudadanos comunes y corrientes no entienden ni cinco – , el larga duración de la señorita Del Rey resultó ser uno de los momentos más emocionantes del pop en el 2012.

Producido por Jeff Bhasker, el disco es en efecto hecho para triunfar, o como lo dice su título, nacido para morir entre la bulla producida por su figura seudo virtual. Bhasker – que ha sido clave en la musicalidad de artistas como Kanye West – trae a la mesa de trabajo una interesante mezcla de horror core y producción vocal que reverbera por todas partes, convirtiendo a Del Rey en una especie de Nancy Sinatra hip hop. Esa estética de lo vintage y lo rap termina cautivando y enamorando.

Puede que sea la más reciente mentira del mundo del pop, pero como producción discográfica, de principio a fin, con la dosis perfecta de sexualidad, belleza y con canciones que jugaron a ser y no ser éxitos, “Born To Die” fue sin duda emocionante, provocador y sobre todo, divertidísimo de oir.

14 - LANDING ON A HUNDRED  - CODY CHESNUTT

 

Debe ser complicado para un artista pelear contra la necesidad de vender su trabajo. Cody ChesnuTT fue tan importante para el neo soul de comienzos de milenio, que las comparaciones con Jimi Hendrix lo agobiaron a tal punto que decidió poner en pausa su maravillosa y promisoria carrera por el bien de su cordura. Y en ese proceso, el deseo de hacer música volvió a crecer para terminar en esta realización discográfica, hecha con todo el espíritu clásico de los años setenta.

“Landing On A Hundred” es el segundo larga duración del mismo hombre que se hizo famoso con “The Seed”, una canción que sería inmortalizada en su versión hip hop de The Roots, del álbum “Phrenology”. En este nuevo álbum el protagonista es el hermoso registro alto de ChesnuTT, influenciado profundamente por la estética clásica de álbumes como “Let’s Stay Together” de Al Green – de hecho, el álbum se grabó en el mismo estudio donde Green grabó la famosa obra maestra-, y la cadencia y el soul no se hacen esperar.

Romántico y nostálgico, “Landing On A Hundred” es un esfuerzo musical independiente hecho con el corazón. Fue uno de los respiros de la música norteamericana en el 2012, hecho con inspiración y esfuerzo. En What Kind Of Cool (Will We Think Of Next), Chesnutt canta

“Know how to get, know how to rap and
Beggin how to get paid
Where that corner pick again
Know how to chase the fame
But it ain’t gonna be good enough no”

“Landing On A Hundred” no le debe nada a las corrientes comerciales de la música negra actual, y se da ese permiso acudiendo a lo clásico, al sonido de los vinilos de los setenta, pero aún así no pierde el filo vocal. Es un disco para los que añoramos el espíritu de aquella época, cargado de buen soul, destinado a perderse en el mar de las ventas, pero un gusto de oir de principio a fin.

13 – LONERISM – TAME IMPALA 

En la era de la tecnología, a los reavivamientos de otras épocas se les ve con cierto desdén. Los reavivamientos son exactamente eso en muchas ocasiones: despertares de sensibilidades de tiempo atrás, que para muchos, deberían quedarse allí, congeladas en el tiempo, por respeto a aquellas grandes músicas que visitamos en algún momento de nuestras vidas.

No pasa eso con “Lonerism”, el segundo larga de duración de Tame Impala. Y no pasó por una sencilla razón: el álbum no pelea con la tecnología. La abraza y la hace parte de una estética que ya hemos oído de forma mucho más experimental en discos de King Crimson, Pink Floyd o Black Sabbath. Pero al adherir a la sicodelia y a su sonido característico, “Lonerism” logra exactamente lo que su título define luego sonoramente en las canciones del álbum – y que sucedía con el rock sicodélico de viejas épocas-: un aislamiento, producto de una vivencia traducida en canciones.

Uno pensaría que las canciones en el álbum sufren de una profunda soledad (loneliness) cuando en realidad cumplen otro propósito. Durante su presentación en Lollapalooza 2012 y bajo el abrasador calor de Chicago, el polvero levantado en la cancha de baseball donde Tame Impala presentó este nuevo disco era un complemento perfecto a esa sensación de aislamiento (isolation, o ‘lonerism’, si se quiere). No es, pues, un reavivamiento del movimiento sicodélico de los años setenta, sino una adhesión a un sonido que permita liberar el corazón del oído interno.

Aunque es ineludible ese parecido con la música de otras épocas, sus canciones son mucho más concretas, comprimidas entre esa sicodelia setentera de Floyd, el tono Lennonesco de la voz de Parker y las apocalípticas secuelas del movimiento en la década de los noventa en discos como “Mellon Collie And The Infinite Sadness” o “Kid A”. De esas cuarentenas auto inducidas por las músicas más espaciales de los últimos 50 años nacen nuevas canciones en “Lonerism”, sensibilidades como jaulas, galopantes nuevos “Children Of The Grave” o “Everything In Its Right Place”‘s, convertidas en pequeñas odas de tecnología empantanadas en la vieja guardia en canciones como “Why Won’t They Talk To Me” o “Elephant”, sin duda la más impresionante de las canciones de “Lonerism”, un orgulloso sucesor del debut “Innerspeaker”, y curiosamente, una excusa perfecta para ponerse unos audífonos y escuchar detenidamente y sin prejuicios en cualquier circunstancia cotidiana de este emocionante 2012.

12 – BATTLE BORN – THE KILLERS

 

Battle Born es un disco para que los fans de The Killers crezcan con ellos. Es el mundo de verdad, pero en el mundo de The Killers, está hecho de canciones. Y a través de ellas huimos raudos, juntos, hacia la luz de la mañana, donde nos esperan los hogares, los hijos que crecen con nuestras músicas, con la esperanza de que nuestros corazones JAMÁS se rindan.

Con un contundente primer sencillo de Radio llamado ‘Runaways”, Flowers deja brillar su vida personal para convertirla en una canción. Su experiencia personal como hombre se convirtió rápidamente en una de las favoritas de las audiencias de la radio pop. Con maravillosa destreza, la canción se convierte en una oda al amor de pareja y abre triunfalmente la vida de un disco cargado de vivencias y de otro puñado de canciones para dedicar.

Al galope del romance eterno, Brandon Flowers se merece todas las flores que podamos echarle en lo que queda de 2012. Y “Battle Born” es un disco nacido para eso, para la batalla, para ganar la guerra contra el desamor que puebla el mundo, para probar desde nuestras esquinas, que de amor están hechas las grandes canciones de la historia.

11 – BABEL – MUMFORD & SONS

Uno puede ver el impacto de Mumford & Sons desde dos perspectivas: desde la musical o desde la laboral. A mi me gusta verla desde ambos lados. El nuevo larga duración, producido por Marcus Dravs, es una montaña rusa de emociones acústicas que abrió muchísimas puertas a diferentes tipos de artistas, no solamente en los Estados Unidos sino también en el resto del mundo. Esta determinación de Marcus Mumford de hacer de lo folklórico algo de nuevo importante y de moda hizo que bandas como los Lumineers, Edward Sharpe & The Magnetic Zeros, Alabama Shakes, Of Monsters And Men, Soundacity y muchos más se aventuraran en la búsqueda de sensibilidades que, desde las raíces, planteaban sonoridades distintas en un mar de músicas sintetizadas y electrónicas.

Y en general, es un gusto oir a los Mumford & Sons. Hay cierto aire épico que muchos odian alrededor de ellos, pero para poderlo despreciar de verdad habría que ver el acto en vivo, que es uno de los más exitosos del año que termina. Con “I Will Wait” la gente que oyó la emisora le prestó atención al banjo, y quiso saber, en medio de lo exótico de su sonido, quiénes eran estos tipos. Y cuando el público le presta atención a una canción de esta forma tan especial, uno sabe que está poniendo algo especial. Porque cuando las masas se mueven alrededor de algo nuevo – y ya sabemos que lo nuevo siempre asusta, espanta y confunde – algo especial está sucediendo en el corazón de la gente.

Así pues fue éste uno de los discos más esperados y que con más gusto programamos en la emisora. Ahora nos preparamos para cambiar de sencillo de “I Will Wait” a “Lover Of The Light” y veremos qué sucede con Mumford & Sons en el año que llega. Pero por el momento, y para entrar a la recta final de este subjetivo conteo de álbumes que pintaron el espíritu de este 2012, hay que escribir que fue un gusto de domingos escuchar con frecuencia este poderoso e inspirador LP.

10 – ILL MANORS – PLAN B

 

 No hay nada mejor en la música – y sobre todo en la música actual – que ver a un artista arriesgarlo todo en nombre de la música.

Después del contundente éxito comercial de “The Defamation Of Strickland Banks”, eso fue exactamente lo que hizo Plan B: en vez de adherir a las reglas caprichosas del pop británico que lo hicieron tan famoso como cantante, el joven artista se fue hacia el hip hop como refugio de su inspiración y produjo uno de los discos de rap que pasará a la historia como memorable, sino como una obra maestra del género en Gran Bretaña, allá arriba con “Original Pirate Material” de The Streets.

El disco, inspirado en una realización visual de Plan B, es una densa colección de beats y de historias urbanas sobre prostitución, drogadicción, calle y miseria. Su velocidad no deja tiempo a la imaginación. Su retrato de las realidades de jóvenes de la calle en Gran Bretaña es tan puro que en ocasiones las letras ofenden de una forma profunda, como una puñalada en un costado. Su acercamiento al oyente, cultivado por el pulso de la calle londinense, es una poderosa radiografía de la Gran Bretaña de David Cameron, que al igual que cualquier otro país del mundo, olvida el interés del público por prestarle atención a las necesidades de la élite, la banca y el dinero. Y es cuando el artista vuelve a la gente para contar sus historias que se hace honesto e importante sin importar que la radio lo reciba en su seno, del cual Plan B parece no querer mamar más. Cinemático y cargado de beats old school y un poco de dubstep, las historias hacen el resto.

9 - TRILOGY – THE WEEKND

La recopilación de los tres discos de Abel Tesfaye es una obra maestra del ambient, el hip hop, el R&B y el post dubstep. En épocas de aceleración y bulla, The Weeknd es un oasis de sensaciones inspiradas en la soledad, la velocidad, la droga, el desamor, el sexo casual y el descontento con uno mismo.

Es difícil quererse en nuestros tiempos. Y por lo tanto es difícil querer a los demás. Vivimos en épocas oscuras. De ese oscurantismo del alma, del egoísmo de las redes traducidos en la bulla de nuestros timelines están hecho estos tres discos. Desde que The Weeknd apareció en la música en las nubes de la twitteresfera, ha sido esencial en la construcción del ser humano de nuestros tiempos: falto de amor, de atención, con amigos que no sirven, rodeado de mujeres que vienen y van. Tesfaye es más sicológico que Drake pero menos concentrado en la fama. Su impulso es la música.

Trilogy es a la música de 2012 lo que fue “The Downward Spiral” de Nine Inch Nails a 1994: un álbum exploratorio de la personalidad de su autor, sumergido en sus búsquedas más íntimas de los sonidos que mejor lo representen. Y en el proceso, representa a una juventud desarraigada, confundida, pero nunca temerosa de expresar sus sentimientos a través de la música. “You’ll wanna be high for this”, canta sutilmente Tesfaye al comienzo del álbum, y quizá ese elevamiento del que habla sea esencial para entender qué tan complicadas son las emociones que nos pueblan, que circulan por nuestras venas abiertas como manantiales en nuestras épocas complicadas, difíciles y desoladoras.

8 – 18 MONTHS – CALVIN HARRIS

En épocas de sencillos, solo David Guetta y Calvin Harris han hecho que sus discos se abran de esta forma antes de salir a la venta como trabajos discográficos completos. Esta es quizá la característica más notoria de 18 Months de Harris, y probablemente su falla más grande: que cuando llega al mercado ya todo el mundo ha oido tanto del disco, que lo que queda se siente a veces como un relleno.

Sin embargo, Harris, multiinstrumentalista, compositor, cantante y productor escocés, logra momentos inolvidables que hacen que su tercer larga duración no sea un disco con canciones de relleno para vender más. “Feel So Close”, la tercera canción del disco, con sus teclados plácidos y la voz de Harris cantando “there’s no stopping us right now”, sigue sonando tan nueva como cuando la lanzamos a la radio y se convirtió en su estandarte de contribución al pop de nuestros tiempos. “We Found Love” junto a Rihanna, continúa encendiendo la curiosidad de oyentes de radio, transeúntes y bailarines de discoteca por igual, a casi un año de su lanzamiento. “Mansion” se sumerge en el eurodisco durante dos minutos y ocho segundos y bombea duro de los oídos hacia el esternón, donde se concentra la fuerza que debe tener una canción para poner a mover culos en pistas de baile.

Pero sin duda la joya del álbum está en manos de la jordana Ayah Marar, compañera eterna de Harris en canciones como “Flashback” y “Stars Come Out”, y quien se encarga de cerrar este larga duración con su hermosa voz que, acompañada de la maravillosa producción de Harris, significa de alguna forma que los buenos finales de los discos son simplemente hermosos comienzos de algo más bello aún. Confeccionado con el pulso de la sociedad moderna, 18 Months estará – valga el chiste – otros 18 meses haciendo parte de dj sets en todas partes del mundo.

7 – UNTIL NOW – SWEDISH HOUSE MAFIA

Hasta aquí, dicen los reportes, llega la Swedish House Mafia. La combinación de los tres productores suecos más importantes del nuevo milenio resultó en una explosiva antología de fiestas memorables, giras agotadoras de clubes y festivales, documentales, mujeres, house y pirotecnia.  Después de lanzar “Until One” en el 2011 con algunas de las piezas que los hicieron famosos  - juntos y por aparte -, a mitad de este año Axwell, Seb Ingrosso y Steve Angello decidieron decir adiós, justo antes de lanzar un disco de despedida que incluye algunas de sus más poderosas producciones, entre ellas la muy comercial y de alto voltaje “Greyhound”, que abre la puerta del álbum hacia una descarga de una hora y veinticuatro minutos de electrónica sin prejuicios, hecha con precisión – valga el “pun” – sueca, perfecta desde la visión de la radio con canciones como “Save The World” y “Don’t You Worry Child” y miradas de la cultura pop que les llamó la atención durante el 2012 y que tanto disfrutan remezclando (como “Every Teardrop Is A Waterfall” de Coldplay).

Si la Swedish en serio dice chau!, lo dice como dicen los gringos: “with a ‘bang.’”

6 – JAKE BUGG – JAKE BUGG 

“I drink to remember/I smoke to forget/Some things to be proud of/Some stuff to forget…”

Nada de lo que usted escucha en el álbum debut del joven independiente de 18 años le será indiferente, o le sonará distinto a lo que sucedió en los años sesenta con otro muchacho que se llamaba Bob Dylan. Pero qué hay para inventar en el rock? Qué hay para hacer que no se haya hecho antes? Y qué importa que nos sorprendan con ‘algo nuevo’ si de pronto, una sensibilidad de canciones nuevas vinculada a un espíritu de otra década suena muchísimo mejor?

Nada que no hayan hecho en su momento los Oasis o que hayan intentado emular cualquier cantidad de artistas de diferentes caminos de la vida, pero aquí lo importante es la ejecución. Con su pinta Mick Jagger y su voz estilo Donovan, Bugg ofrece uno de los esfuerzos indie más emocionantes del 2012. Su sonsonete guitarrero en canciones como “Lightning Bolt” es tan vintage que uno en serio parece oyendo un disco de otra década, con letras nuevas. Pero eso lo hace a uno sentir vivo, de alguna forma medio inmortal. “Never felt More Alive”, canta Bugg en “Taste It”. Y si la vieja guardia sirve para inspirarse y sentirse vivo, cerrar las brechas entre lo nuevo y lo viejo con un poco de guitarras acústicas y una voz de tiempo atrás, que viva la vieja guardia entonces.

5 – ELEGANCIA TROPICAL – BOMBA ESTÉREO

Usted puede decir todo lo que quiera de Bomba Estéreo. Cosas buenas o cosas malas. Puede renegar de su espíritu champetero y llevar la discusión hacia el reggaetón. Puede decir que se quedaron haciendo lo mismo. Puede incluso hasta decir que son malos. Pero una cosa NO puede decir y es que no han viajado.

Bomba Estéreo ha estado en todas partes del mundo y al mismo tiempo, ha evitado los lugares comunes donde debió haber estado. Como por ejemplo, la radio, que se vio obligada después de tres años a rotar “Fuego” con cierta soberbia. Ya sabemos que si existe un medio cargado de egos y de orgullos, ese es la radio. Y Bomba no ha estado allí.

Pero deberían. Hoy más que nunca.

No que no hayan querido. Estoy convencido de que entre más pasa el tiempo, cada vez es más valioso para Bomba Estéreo que se les tenga en cuenta en una rotación regular de canciones. Pero no por la necesidad de poner Bomba, sino en agradecimiento por llevar el pop nacional a otras altitudes, la retórica de Li de fiesta y cierto shamanismo femenino muy nacional a otros lugares.

Independientemente de eso, Bomba ha viajado. Ha hecho la tarea de ponerse en todo tipo de tarimas. Probar esas mieles de las que está hecha la música. De contacto íntimo y global con todo tipo de oidos, de gentes. Y en ese proceso de los viajes, ha conocido otras músicas. Ha mirado hacia adentro. Con “El Alma Y El Cuerpo” el grupo ha querido entrar a la radio pop explotando al máximo lo aprendido. Pero sin duda los momentos inolvidables de “Elegancia Tropical” son aquellos en los que uno siente que en realidad, han estado en lugares mágicos e inexplicables, solo a través de la música tocables o tangibles. Si usted se pone unos audífonos y se queda dormido, se despertará inevitablemente al sonido de la producción atmosférica de “Pájaros”, que le retumbará como una alucinación profunda en lo más sagrado de sus oídos, aquel lugar donde el tímpano y el corazón están a un beat de distancia, momento en el que estalla después de las sirenas urgentes una tambora que usted reconocerá y sentirá muy suya. Momento en que Li cantará,

De los pájaros del monte yo quisiera sé canario
Hay para cantá contigo, en los montes solitarios
De los pájaros del monte, yo quisiera sé canario
Hay para cantá contigo, en los montes solitarios

Se han convertido en pájaros que vuelan alto

Tan alto donde nadie los puede tocá

Libres de todo humano del dolor y el llanto
Más cerca de la risa y la brisa del mar

Y de esas experimentaciones está hecho “Elegancia Tropical”. Por supuesto que hay algo de “Fuego”. Cómo no habría de existir? Pero en la apertura del álbum, con el misterioso ingreso al disco con “Bosque”, usted sabrá que Bomba ha viajado, que ha viajado mucho. Y que en esta ocasión, usted puede venir con ellos. Eso sí, sin prejuicios y sin hacer muchas preguntas, que esas las contestará la música.

4 – AN AWESOME WAVE – ALT-J 

La sonoridad con que Alt-J se acerca al pop de nuestros tiempos tiene mucho qué ver con lo que pasó con Radiohead a comienzos de la década de los dos mil y se nota esa influencia. Pero más allá de que no estén haciendo algo “innovador”, el álbum debut está cargado de momentos cinemáticos, con los que el usuario puede viajar una y otra vez hacia diferentes lugares.

Pero si hay algo bonito más allá de las melodías, infiltradas de miedo, las armonías lánguidas y los coros disonantes en canciones como “Breezeblocks”, el caos controlado del que está hecho “An Awesome Wave” es sostenido en general por la construcción de hermosas letras, algunas según la crítica, de las mejores que se escribieron en este año. En “Tessellate”, la tercera canción del disco, el grupo dispara una de las analogías más bonitas del año, justo cuando un acorde de piano comienza a liberar el misterio y la sensualidad de la canción, Joe Newman canta “Bite chunks out of me/You’re a shark, and I’m swimming”.

De caos controlado y de poesía está compuesto “An Awesome Wave”. Y de esa poesía hablaremos quizá en otra época, en otra década, para hablar de momentos importantes en la historia del pop indie.

3 – HECHO A MANO – MONSIEUR PERINÉ 

Hay una ternura latente en la apertura de “Hecho A Mano” con “La Tienda De Sombreros”. Es un poco de lo que está hecha la ternura y la ingenuidad de nuestros músicos contemporáneos. En este Macondo eterno de sensaciones que es Colombia, un poco de realidad mágica nunca está de más. Catalina García canta con una sutileza mientras de fondo un contrabajo la acompaña a caminar hacia lo inevitable: conocer a los suegros. “Más me valía ser un caballero.”

En cada rincón de “Hecho A Mano” hay una lección musical: que el talento es inaplazable. Que llega en el momento que es. Que la música nos pertenece a quienes la oímos. Que los músicos, ese conducto de todas las cosas bonitas de las que estamos hechos los seres humanos, son más bonitos aún cuando no tienen miedo a expresar lo que sienten. Los aires andinos de “Hecho A Mano”  vinculados a la búsqueda de nuestra identidad en la vasta ciudad, adonde vamos sin compañía, suenan mucho mejor si lo vivimos juntos.

Hay también, en hecho a mano, un espíritu de todas esas cosas que nos hacen famosos. Un espíritu de elocuencia. Un espíritu de calor, de alegría, en medio del bolero y de la nostalgia. Siempre estamos diciendo cómo en Colombia somos corruptos, ladrones, mentirosos, siempre estamos poniéndonos por debajo de los demás en el mundo, siempre estamos hablando de cómo somos un país de parias. Nunca decimos lo lindos que somos. Nunca decimos que somos expresivos, que somos románticos y romanticones, que somos música, que estamos hechos de músicas de todas partes, que somos generosos al amar, al desear, apasiondos y apasionantes. Que tenemos suin. Que lo podemos llevar a muchas partes del mundo. Por qué no?

Monsieur Perine demostró este año que somos una bella nación. Hecha de vaudeville y de plaza, aromatizada por el sabor de nuestras influencias, de nuestras musas. Con una dosis maravillosa de inocencia, sensualidad, buen humor, magia y realismo, Monsieur Periné nos puso a bailar, a beber, a enamorarnos, a romper los silencios de nuestras más profundas fantasías, sin pretender algo más que divertirnos en el proceso. Que sea El Mesié un motivo para celebrar que somos colombianos, y que nuestra música es la música del mundo. Más gran orgullo no se me ocurre escribir.

2 – CHANNEL ORANGE – FRANK OCEAN 

El atractivo de este disco –por encima del perfeccionismo y el esmero por los detalles de Ocean en la creación de estas canciones– es su alma. Lo de que no canta y no escribe y no arregla y no produce es sólo una figura literaria. Porque en realidad, nada en el género hasta hoy podía considerarse tan soul como lo es Channel Orange para sus contemporáneos de década: verdadero soul del nuevo milenio.

Ocean es un perturbador increíble de la escena R&B y su álbum –a diferencia del de The Weeknd o el de  Drake– es profundamente triste. No se aleja de la estética oscura y en ocasiones maniática de Drake, pero busca en Pharrell Williams y en John Mayer a dos colaboradores únicos de este viaje discográfico. En Pharrell encuentra a un compañero fantástico que le da ese aire serio y sexy de canciones de George Benson con tintes del N.E.R.D. de Fly Or Die, mientras que a John Mayer le explota punteos precisos, alfileres de guitarra como hachas partiendo en dos la tensión causada por el doloroso camino hacia el abandono.

Ocean abre Channel Orange con la polémica “Thinking Bout You”, una canción que lleva flotando en el éter de nuestras nubes virtuales durante más de un año y que tres versiones después suena más nostálgica que en 2011. Con los violines potenciados para abrirle espacio en el estómago a chapolas endemoniadas, Ocean suena ‘de la casa’, suena como el niño tímido que tocaba a tu puerta para ver si tu mamá te dejaba salir con él, y que ya adulto –no sé si se pueda ser adulto a los 24, pero se intenta–  se volvió artista y escribió una de las canciones de amor más importantes de la historia, allá arriba con “Try A Little Tenderness” de Otis Redding, “Ain’t No Sunshine When She’s Gone” de Withers o “I Want You” de Marvin. Lleno de motivos e inseguridades, Ocean relaciona magistralmente las condiciones del clima que lo vieron alejarse de su natal New Orleans después de Katrina y las compara a lo que es haber conocido a alguien, amarlo ciegamente y haberse alejado demasiado pronto:

a tornado flew around my room before you came
excuse the mess it made 
it usually doesn’t rain in southern california 
much like arizona
my eyes don’t shed tears, but boy, they pour
when I’m thinking bout you
I’ve been thinking bout you
I’ve been thinking bout you
Do you think about me still?
Y así comienza Ocean a contar la historia de este primer amor, del que viene hablando entre dientes hace meses en sus posts de Tumblr y callando en medios, a medias tocando el mainstream con Jay-Z y Kanye West como ‘partners-in-crime’, luchando contra su propio ser, atragantado de verdades intentando salir por algún lado pero imposibles de expectorar, hasta esta semana.
Con la carta publicada en su Tumblr la semana pasada, viéndose con el agua hasta el pecho, el joven cantautor evitó ser aplastado por una escena hip-hop y R&B que por más alternativa y modernista que parezca ser, no imaginaba serlo tanto como cuando uno de sus más talentosos nuevos artistas se declarara bisexual. Jugada de prensa o no, con Channel Orange uno entiende la tristeza de un amor que no puede ser.
Pero aún así, visto desde el hermoso panorama del romance como ese juego de silencios y de besos, no deja de ser menos peligroso para dicha escena, misógina y homofóbica por naturaleza, y menos cuando en “Bad Religion”, dueño de un registro alto, hermosamente delgado y poderoso, Ocean canta:
This unrequited love
To me it’s nothing but a one-man cult
and cyanide in my styrofoam cup
I could never make him love me
Never make him love me 
Love Love

Es el inmenso coraje de estas canciones –producidas en lo más profundo de un atribulado ser humano, demasiado humano para admitirlo– el que hace de Channel Orange un maravilloso disco. Sin escatimar en experimentaciones sonoras, el álbum es una colección de canciones hondas como océanos, pero claras y certeras como cualquier canción de amor o de desamor en el pop.

Y se convierten así en favoritas de una nueva era, pero siguen siendo una colección de canciones personales, como un fajo de polaroids tomadas en una tarde de ensueño que jamás volverá. De la misma manera que Sinatra le cantó todo “In The Wee Small Hours” a Ava Gardner, así lo hace Ocean, poetizando este primer amor, recordándolo con dolor de hombre, llenándolo de capas, cuerdas, interludios digitales, una especie de Nelson Riddle contemporáneo con dotes de cantante. Y de los mejores.

Es duro meterse en la cabeza de Frank Ocean. Por eso es mejor oir palpitarle el corazón.

1 – BLUNDERBUSS – JACK WHITE 

Rock And Roll. Blues. Country. Soul. Gospel. De todas las cosas de las que está hecha la música popular que nos ha fascinado por más de cincuenta años, y un poco más, está hecho el disco de Jack White. Pero sobre todo de un compromiso con la perfección musical. O con la búsqueda de la misma.

Y con su guitarra. Desde que comienza Blunderbuss con “Missing Pieces” hay una serie de encuentros con la guitarra que de forma poderosa vinculan al músico con un estatus de leyenda perteneciente a los más grandes guitarristas de todos los tiempos. Con Los Buzzardos, White se engolosina en el jazz mientras gime letras de blues. En Love Interruption, la canción que abrió para la radio el álbum, se declara impedido para amar mientras una cama de teclados lo arrulla hacia su final fatal: “I won’t let love disrupt, corrupt or interrupt me.”

En “Sixteen Saltines”, uno de los números de rock más poderosos del año, el virtuoso músico libera la guitarra como un perro rabioso y la libera para que usted la disfrute en todo su análogo esplendor. White es un maestro de los silencios. Deja reverberar la guitarra y deja que el silencio haga el resto. Pero usted sabe que ella está ahí siempre.

White es un tipo fascinante como músico. Nuestra fascinación con él radica en el silencio que le imprime a las piezas como “Love Interruption”, una especie de complicidad, y a eso, un deseo inmenso de explotar la destreza en el instrumento mientras pone las fichas del tablero sobre el que escribe, canta e interpreta algunas de las canciones más carismáticas de una nueva década. Quizá no las más radiables, pero eso importa poco al tener a un tipo con el carisma suficiente para tocarlas en vivo y dejar boquiabierto a todo el que se pase por el medio.

Acompañado de mujeres que tocan todo tipo de instrumentos para él, para calmar sus antojos musicales en esta primera aventura como solista  - White siempre se ha sentido más cómodo haciéndose llamar The White Stripes o The Dead Weather o The Raconteurs, por alguna razón – , el músico explora en todo tipo de influencias y de músicas del sur norteamericano. El resultado es pulverizante. Canciones con riffs setenteros como camiones de película, blues que harían llorar al más insensible de los hombres – piense en Alvaro Uribe Vélez – y melodías de country ejecutadas con destreza de conservatorio y carisma como solo Jack White, el último gran rockstar en la era de la electrónica, puede ofrecer.